Formo parte del grupo de personas que piensan que el domingo fue hecho para descansar, ver peliculas en casa y mas actividades que no implican subidas en los niveles de adrenalina,este dia casi por mandato divino suele ser fofo/llano/ y sin mayor gracia.
Recomendare 2 peliculas que por ningun motivo volveran al domingo un dia expectacular, pero si haran que la monotonia se vuelva mas agradable.
Es de menester informar que ambas pertenecen al director Kim Ki Duk:
* Hierro 3._ Un joven sin hogar se cuela en las casas cuando las personas que las habitan no se encuentran, a cambio del techo y tambien a cambio de la comida el joven arregla los artefactos de los hogares. De este modo conoce a una joven modelo casada con quien empieza una aventura bastante peculiar.
Click aqui para ver la pelicula
* La Isla._ Una prostituta que renta pequenos flotadores a quienes desean pasar unos dias alejados de la cansina civilizacion, se enamora de uno de sus vecinos. A modo de opinion lo que sucede en esa bizarra comunidad se debe a la falta de ocupacion de sus habitantes.
Click aqui para ver la pelicula
En ambas peliculas los protagonistas tienen la misma particularidad: Nunca hablan. Ademas las recomiendo en el orden que las listo. La isla tiene un contenido 2 rayitas mas arriba.
-la simpleza y lo complejo de las miradas prueban que las palabras a veces sobran-
sábado, 22 de noviembre de 2014
sábado, 15 de noviembre de 2014
Las rosas son rojas, las violetas azules...
Creo que hay mas canciones inspiradas en el desamor que las inspiradas por su antagonista.
'anyway...'
Somos seres de monogamias consecutivas y el fin de una relación casi implica el inicio de otra.
...Este adiós no maquilla un hasta luego,
este nunca no esconde un ojala,
estas cenizas no juegan con fuego,
este ciego no mira para atrás...
...Este pez ya no muere por tu boca,
este loco se va con otra loca,
estos ojos no lloran más por ti. (1)
Considero al desamor como parte del amor,
como el inicio del fin.
como la metastasis de un desahuciado o
como el armisticio del 15 de agosto de 1945*
Pero,¿cuanto tiempo puede durar esta etapa final?
¿cuanto tiempo puede tomar dejar de pensar en una persona?
...luego apago tus ojos
y duermo con tu nombre besando mi boca.
Ay, amor mío,
qué terriblemente absurdo
es estar vivo
sin el alma de tu cuerpo,
sin tu latido...
...hay quien afirma que el amor es un milagro
que no hay mal que no cure
pero tampoco bien que le dure cien años;
eso casi lo salva,
lo malo son las noches que mojan mi mano.(2)
Suponiendo que se ha aceptado que el fin ha llegado,
{Proceso que puede tomar un tiempo significativo teniendo
presente que una relación antes de llegar a la ruptura
definitiva suele comportarse como una función no derivable**}
El tiempo que nos tome olvidar, superar o aceptar que
no se puede olvidar pero se debe seguir adelante, es proporcional
a la cantidad de afecto que se tuvo por esa persona mas no
al tiempo que se estuvo con la misma, aclaro esto para dar
un voto a favor de los amores fugaces. Tiene mucho que ver
tambien las expectativas que habiamos creado.
...Como gasto papeles recordandote
como me haces hablar en el silencio
como no te me quitas de las ganas...(3)
Mas de 1 año? quizá 2? Es posible, son los tiempos por los cuales bogo... años.
Creo firmemente que esta no es una labor rapida ni sencilla,
por el contrario es laboriosa, compleja y no seran suficiente dias,
semanas ni unos pocos meses.
Si este es el caso de alguien, me permitiré informarle
que no sintió lo que debió sentir, quizá a raíz de que no
entrego lo que debió entregar.
Lo mas práctico sería tener un barredor de tristezas
que se llevara lo feo y nos dejara el querube.
...Porque te vi venir y no dudé
te vi llegar y te abracé
y puse toda mi pasión para que te quedaras
y luego te besé y me arriesgué con la verdad
te acaricié y al fin abrí mi corazón para que tú pasaras.
Mi amor te di sin condición para que te quedaras...(4)
El sol sale para todos. =)
*La firma del armisticio del 15 de Agosto de 1945
represento el fin de la segunda guerra mundial.
**Uno de los requisitos para que una funcion sea derivable
es que sea continua en todo su dominio, al hacer el simil
con una relación, intento comparar este requisito con las
rupturas y posteriores reconciliaciones de una pareja.
(1)Nos sobran los motivos - Joaquin Sabina
(2)Sin tu latido - Luis Eduardo Aute
(3)Te doy una cancion - Silvio Rodriguez
(4)Te vi venir - Sin bandera
'anyway...'
Somos seres de monogamias consecutivas y el fin de una relación casi implica el inicio de otra.
...Este adiós no maquilla un hasta luego,
este nunca no esconde un ojala,
estas cenizas no juegan con fuego,
este ciego no mira para atrás...
...Este pez ya no muere por tu boca,
este loco se va con otra loca,
estos ojos no lloran más por ti. (1)
Considero al desamor como parte del amor,
como el inicio del fin.
como la metastasis de un desahuciado o
como el armisticio del 15 de agosto de 1945*
Pero,¿cuanto tiempo puede durar esta etapa final?
¿cuanto tiempo puede tomar dejar de pensar en una persona?
...luego apago tus ojos
y duermo con tu nombre besando mi boca.
Ay, amor mío,
qué terriblemente absurdo
es estar vivo
sin el alma de tu cuerpo,
sin tu latido...
...hay quien afirma que el amor es un milagro
que no hay mal que no cure
pero tampoco bien que le dure cien años;
eso casi lo salva,
lo malo son las noches que mojan mi mano.(2)
Suponiendo que se ha aceptado que el fin ha llegado,
{Proceso que puede tomar un tiempo significativo teniendo
presente que una relación antes de llegar a la ruptura
definitiva suele comportarse como una función no derivable**}
El tiempo que nos tome olvidar, superar o aceptar que
no se puede olvidar pero se debe seguir adelante, es proporcional
a la cantidad de afecto que se tuvo por esa persona mas no
al tiempo que se estuvo con la misma, aclaro esto para dar
un voto a favor de los amores fugaces. Tiene mucho que ver
tambien las expectativas que habiamos creado.
...Como gasto papeles recordandote
como me haces hablar en el silencio
como no te me quitas de las ganas...(3)
Mas de 1 año? quizá 2? Es posible, son los tiempos por los cuales bogo... años.
Creo firmemente que esta no es una labor rapida ni sencilla,
por el contrario es laboriosa, compleja y no seran suficiente dias,
semanas ni unos pocos meses.
Si este es el caso de alguien, me permitiré informarle
que no sintió lo que debió sentir, quizá a raíz de que no
entrego lo que debió entregar.
Lo mas práctico sería tener un barredor de tristezas
que se llevara lo feo y nos dejara el querube.
...Porque te vi venir y no dudé
te vi llegar y te abracé
y puse toda mi pasión para que te quedaras
y luego te besé y me arriesgué con la verdad
te acaricié y al fin abrí mi corazón para que tú pasaras.
Mi amor te di sin condición para que te quedaras...(4)
El sol sale para todos. =)
*La firma del armisticio del 15 de Agosto de 1945
represento el fin de la segunda guerra mundial.
**Uno de los requisitos para que una funcion sea derivable
es que sea continua en todo su dominio, al hacer el simil
con una relación, intento comparar este requisito con las
rupturas y posteriores reconciliaciones de una pareja.
(1)Nos sobran los motivos - Joaquin Sabina
(2)Sin tu latido - Luis Eduardo Aute
(3)Te doy una cancion - Silvio Rodriguez
(4)Te vi venir - Sin bandera
domingo, 28 de septiembre de 2014
Y las mujeres que valen verga?
Definitivamente los cajeros automáticos no son lo mío, me alejo del técnico proveedor quien esta trabajando en la susodicha máquina para sentarme un rato, aprovechando que en las tiendas `listo` de las gasolineras `primax` hay wifi gratis, empiezo a revisar la versión digital de los periódicos, me llama la atención que ahora lo quieren destituir a Nebot por no tomar la competencia del tránsito en la ciudad, en fin... entra un maricón feisimo a la tienda aunque con un vestido de rombos blanco con negro que le queda a la altura de la rodilla, bonito `paq`.
Compro un millshake de chocolate porque simplemente no se puede estar en una tienda tanto tiempo sin comprar nada. Tomo el cell otra vez pero en esta ocasión es para revisar los apuntes de cada cosa que escucho o leo y pienso es importante anotarlo, de allí nace este post.
Cuando converso con Jaled es recurrente el tema de lo que consideramos una buena mujer (en parte porque el pana es un romántico), exponemos siempre como ejemplo a Virginia quien es una mujer que brinda tranquilidad, confianza y para que tiene su moderado encanto. No se porque le comento a Gabriela del tópico que estamos abordando, pero ella me responde con un atinado, deja de hablar de las buenas mujeres, habla de las mujeres que valen verga, Todas merecen su minuto!
Pero y cuales son esas mujeres que valen Verga? Antes de continuar debo hacer una corrección ya que la nobleza obliga: A lo que trato de referirme es a las mujeres que no valen la pena. Pero cuáles son esas mujeres que los hombres decimos no valen la pena?
Es un domingo en la tarde estoy con mi familia sentados todos al pie de la casa escuchando música, mi mamá hizo un caldo del bagre que estaba MAMITA!!!!; tomo un vaso de cerveza para tratar de obtener la inspiración que me permita describir a las mujeres en cuestión. Por si acaso el técnico del cajero automático término su trabajo en el cajero antes de que yo lograra terminar el post, eso fue un viernes y bueno lo termino hoy. Ah! El maricón se llamaba kristel, me entere de su nombre cuando lo llamaron para entregarle la orden.
Una mujer que no brinda confianza, que no es leal, que no se hace dar su lugar, que sea interesada, que no se hace cargo de sus acciones y más, es una muer que decimos que no vale la pena. Hasta ahora he sido un poco general, trataré de dar un ejemplo:
Si mi compañera se va de viaje a un lugar `x` por un tiempo `y'. Lo más hermoso es tener la seguridad de saber que ella me respetará, poder apagar la luz de la mesita de noche, sin tener que bregar contra el pesado yugo de la duda y desconfianza que sin duda no me dejarían dormir.
Eso valoramos enormemente. Eso valoro inmensamente. Eso hace a una mujer buena. Estas mujeres nos desarman pero de nuestro escudo, no de nuestra lanza. Un hombre medianamente inteligente sabrá que a estas mujeres no se las lastima, nunca!
Pido disculpas por terminar hablando de las mujeres buenas otra vez, pero a las mujeres que valen verga ya les di el minuto que merecían.
-Desde este momento soy parte de tu día-
domingo, 7 de septiembre de 2014
Flagelacion de la lealtad?
Un día haciendo la cola en el supermercado, tome una de esas revistas que de forma premeditada son puestas justo al pie de las cajas guinandonos el ojo, suplicando ser `ojeadas`, caigo ante la tentación y tomo una.. Leyendo para pasar el tiempo hasta que me toque pagar, encuentro algo como esto:
-Crees en la fidelidad?
-- Sí. Pero no como algo que se exige, sino como algo que nace.
Le subo el volumen a la laptop, en youtube en un programa de opinión se plantea:
-Te casas con una mujer hermosa, un `caviar`. Luego comes caviar lunes, martes, miércoles, jueves, viernes, sábado y domingo, mañana tarde y noche, a la semana ya sientes el hastío. No crees que te puede caer bien un caldito de bola, un seco de chivo, un caldo de pata y otros de los diferentes sabores de nuestra amplia gastronomía... Un ejemplo horrible por comparar a la mujer con un plato de comida, pero considero correcto por lo menos para ejemplificar la temática.
Estoy en mi cuarto leyendo algo de García Márquez, uno de los personajes de la novela sostiene: También la moral es un asunto de tiempo.
A favor del `exabrupto injustificable` alguien podría agregar: La fuerza invencible que ha impulsado al mundo no son los amores felices sino los contrariados o algo como: Hay personas que llegan nos marcan y se van.
Que lleva a las personas a caer en la tentación... no me incluyo en la discusión, prefiero tener mi vida sexual y reproductiva al igual que mis cochinadas al margen:
Situación: Una pareja que nos hace sentir incompletos?
Respuesta: Termine con su pareja y busque alguien que la haga sentir más conplet@.
S: Una ex-relación que nos falló y nos convirtió en una especie de zombies que va destruyendo corazones y personas...
R: Llore, putee, patalee, pero no se desquite con la siguiente persona q aparezca en su vida, es injusto, de muy mal gusto, y esa persona no tiene la culpa de sus desgracias.
S: Salir con muchas mujeres además de tener su propia pareja, sólo por demostrarse que puede tener muchas.
R: No sea cabron! Si prefieres la poligamia esta correcto, pero no tengas a una inocente sufriendo.
Las situaciones son infinitas, las justificaciones seguro las duplican. Pero y los implicados.... Sabina sonríe con su: 'Yo no quiero contigo ni sin ti`. La situación del afligido es esa, un debate que le parte la cabeza entre dejar a la persona que le da felicidad o perdonarlo esperando sanar rápido. Por una cuestión de ego al hombre le es más difícil perdonar esta falta, la mujer creo que perdona más y este perdón aumenta si son casados y tienen hijos porque la mujer piensa además de ella en sus hijos y como una separación le puede afectar a ellos.
Villota este tema es demasiado amplio,partiendo del hecho que existen cosas que alguien consideraría infidelidad y otras no. Ya he escrito algunas cosas y aún no estoy seguro de como abordar esto, por `default` todos estamos en contra de la infidelidad, pero creo q nadie o al menos la gran mayoría de personas no busca hacer daño a su pareja. La crianza, los valores aprendidos, la familia, los amigos, el entorno, la moral, el contexto, cada elemento suma i/o resta cuando se llega al momento '0ʹ caer ante la tentación o salir `avanti`. La persona que no sucumbe a la tentación, esa persona sin mácula tiene mi respeto, quien cayó tendrá sus razones, ademas de tener mis oidos para escucharle y mi hombro para brindar apoyo. En serio este tema amerita una tertulia con par bielas tipo tranquilo...
-Pero no se que diera por tenerla ahora mismo, mirando por encima de mi hombro lo que escribo-
miércoles, 20 de agosto de 2014
De que hablo Cuando hablo de valer ...
Sábado 21:30
Yo: Dame arroz con menestra y carne
Vendedor: ok, es uno cuarenta.
Yo: Tenga.
Pabla: A mi me das pollo, y no olvides darme tu numero.
Yo: Cálmate perra!!!
Pabla: Ayyy ya, ni el reclama y lo haces tu.
Luego de disfrutar suculenta delicia patrocinada por el comedor de la esquina acertadamente llamada `Dolarin` decidimos probar los helados de yogurt de la tienda de al lado, yo elijo acompañarlo con: Durazno, Kiwi y frutilla (siempre me ha gustado la mezcla entre lo dulce y lo amargo), como aderezo húmedo decanto por la miel (siguiendo el principio previamente citado) como aderezo seco me voy por m&m, veo de reojo que Pabla sigue echándole ojitos al vendedor del 'Dolarin` luego me suelta: esto no engorda? a lo que yo respondo con un sutil pero atinado: Vete a la verga pabla!
Terminamos los helados y para terminar la noche del sábado un poco menos triste propongo ir a jugar Play donde 'Jaled'.
Ya en la casa de Jaled, saludarlo con desdén , saludar a su hermana que lleva un jean que le moldea la cintura, saludar a un panita que creo es el pelado de la hermana, escuchar a Pabla diciéndome: ese man esta bueno. Par de partidos de play, donde para colmo pierdo los 2 únicos partidos que jugué , ver El origen, ver la parodia de vivos al taxista '3 Garrotazos' decidimos salir, ya era la 1am.
En el carro de Jaled primero llevamos a Pabla a su casa para que se cambie de blusa por que la que llevaba segun el le quedaba fatal, luego a mi casa donde me pongo muñeco (solo basto con ponerme una camisa). Salimos.
Decidimos ir a un bar de urdesa llamado 'cadillac'
Dado que los 3 vivimos en Sauces 8 o sus alrededores, la forma mas rápida de ir a urdesa es tomando la avenida las aguas, a la altura del City Mall, LA CASITA!!! una fila de patrulleros de vigilantes, nos paran, Jaled suspira un: Verga ya valimos, efectivamente habíamos valido, licencia caducada y matricula vehicular sin canjear eran las contravenciones, bajar el tono de voz y decir apoyenos mi sub era nuestra estrategia, el corazón de hierro del vigilante no se hablandaba, buscaba dinero, primero quina, luego sota, finalmente ventanita.
Ahora manejo yo, llegando a 'cadillac' el mesero nos dice que no hay mesas disponibles, pensamos rápido y nos dirigimos al 'balcón de beto' lo disfrutable de ese lugar es justamente estar en el balcón, (quien escribe se declara fan de los balcones, terrazas y todos aquellos lugares en los cuales la brisa pasa libremente) nos dicen que no podemos estar en el balcón, de hecho estaban retirando las mesas de ese lugar, nos toca entrar a la parte cerrada del local pero de nuevo no hay mesas y aunque nos ofrecen colocar una decidimos retirarnos porque el lugar simplemente estaba muy feo. Salimos, yo experto en volante y en caminos elijo la mejor ruta y en 'un chas' estamos en Pull, el balcon esta lleno, nos sentamos en una de las mesas de interior, hablamos un poco de lo mucho que estamos valiendo, Jaled me dice que cuando lo postee añada algunas lokitas al relato, lo cavilo pero no puedo engañarme y me exijo ser lo mas exacto al momento de escribirlo. pasan 2 minutos y llega la ley, el mesero se nos acerca y nos suelta: Llego la ley, ya no puedo venderles nada. A la mierda en metrovia!!!!! Que asco!!! Nada nos salia!!!, una afable amiga me dice que esta en las cholotecas de la Alborada, así que mitad en plan de retirada y mitad en plan de ultima esperanza vamos hacia allá, parqueamos diagonal a la Fybeca llamo a mi respetable amiga, me contesta solo para decir: ya nos fuimos, cerraron la disco temprano,eso explicaba la gran cantidad de personas que había en la calle tomando un carro. Con el impetu farrero tan mancillado como la dignidad de Pabla decidimos retirarnos en silencio, giramos en la esquina y: Puta madre!!! otra vez los vigilantes, que carajo habíamos hecho para merecer tantos golpes en una sola noche, por suerte yo seguía manejando, el vigilante me pide la licencia, se la doy a renglón seguido me dice 'sopleme', yo sin una sola gota de alcohol en mi interior decido vengarme de todo lo sucedido contra el, así que hice todo el esfuerzo para sacar desde el interior de mis entrañas el hedor mas fétido posible, el vigilante lo merecía, buscaba dinero. En el semáforo siguiente dentro del carro inundaba el silencio, pero no por mucho tiempo el chillido provocado por el freno acelerado de un carro se escucho a nuestras espaldas, sin hacer nada, solo estando parqueados casi nos chocan...
Entendiendo que no era nuestro día nos retiramos, cada uno a su casa, al regresar de una fiesta, de una buena fiesta la mejor prueba que avala la diversión es el aroma de la vestimenta, la mía no olía ni a cigarrillo, ni a alcohol ni a mujer. Llegue con el mismo aroma fresco y cálido auspiciado por Perry Ellis 360, una noche para el olvido.
¬ Nunca hay 2 de nada ¬
Truman Capote en su cuento:
un recuerdo navideño.
Yo: Dame arroz con menestra y carne
Vendedor: ok, es uno cuarenta.
Yo: Tenga.
Pabla: A mi me das pollo, y no olvides darme tu numero.
Yo: Cálmate perra!!!
Pabla: Ayyy ya, ni el reclama y lo haces tu.
Luego de disfrutar suculenta delicia patrocinada por el comedor de la esquina acertadamente llamada `Dolarin` decidimos probar los helados de yogurt de la tienda de al lado, yo elijo acompañarlo con: Durazno, Kiwi y frutilla (siempre me ha gustado la mezcla entre lo dulce y lo amargo), como aderezo húmedo decanto por la miel (siguiendo el principio previamente citado) como aderezo seco me voy por m&m, veo de reojo que Pabla sigue echándole ojitos al vendedor del 'Dolarin` luego me suelta: esto no engorda? a lo que yo respondo con un sutil pero atinado: Vete a la verga pabla!
Terminamos los helados y para terminar la noche del sábado un poco menos triste propongo ir a jugar Play donde 'Jaled'.
Ya en la casa de Jaled, saludarlo con desdén , saludar a su hermana que lleva un jean que le moldea la cintura, saludar a un panita que creo es el pelado de la hermana, escuchar a Pabla diciéndome: ese man esta bueno. Par de partidos de play, donde para colmo pierdo los 2 únicos partidos que jugué , ver El origen, ver la parodia de vivos al taxista '3 Garrotazos' decidimos salir, ya era la 1am.
En el carro de Jaled primero llevamos a Pabla a su casa para que se cambie de blusa por que la que llevaba segun el le quedaba fatal, luego a mi casa donde me pongo muñeco (solo basto con ponerme una camisa). Salimos.
Decidimos ir a un bar de urdesa llamado 'cadillac'
Dado que los 3 vivimos en Sauces 8 o sus alrededores, la forma mas rápida de ir a urdesa es tomando la avenida las aguas, a la altura del City Mall, LA CASITA!!! una fila de patrulleros de vigilantes, nos paran, Jaled suspira un: Verga ya valimos, efectivamente habíamos valido, licencia caducada y matricula vehicular sin canjear eran las contravenciones, bajar el tono de voz y decir apoyenos mi sub era nuestra estrategia, el corazón de hierro del vigilante no se hablandaba, buscaba dinero, primero quina, luego sota, finalmente ventanita.
Ahora manejo yo, llegando a 'cadillac' el mesero nos dice que no hay mesas disponibles, pensamos rápido y nos dirigimos al 'balcón de beto' lo disfrutable de ese lugar es justamente estar en el balcón, (quien escribe se declara fan de los balcones, terrazas y todos aquellos lugares en los cuales la brisa pasa libremente) nos dicen que no podemos estar en el balcón, de hecho estaban retirando las mesas de ese lugar, nos toca entrar a la parte cerrada del local pero de nuevo no hay mesas y aunque nos ofrecen colocar una decidimos retirarnos porque el lugar simplemente estaba muy feo. Salimos, yo experto en volante y en caminos elijo la mejor ruta y en 'un chas' estamos en Pull, el balcon esta lleno, nos sentamos en una de las mesas de interior, hablamos un poco de lo mucho que estamos valiendo, Jaled me dice que cuando lo postee añada algunas lokitas al relato, lo cavilo pero no puedo engañarme y me exijo ser lo mas exacto al momento de escribirlo. pasan 2 minutos y llega la ley, el mesero se nos acerca y nos suelta: Llego la ley, ya no puedo venderles nada. A la mierda en metrovia!!!!! Que asco!!! Nada nos salia!!!, una afable amiga me dice que esta en las cholotecas de la Alborada, así que mitad en plan de retirada y mitad en plan de ultima esperanza vamos hacia allá, parqueamos diagonal a la Fybeca llamo a mi respetable amiga, me contesta solo para decir: ya nos fuimos, cerraron la disco temprano,eso explicaba la gran cantidad de personas que había en la calle tomando un carro. Con el impetu farrero tan mancillado como la dignidad de Pabla decidimos retirarnos en silencio, giramos en la esquina y: Puta madre!!! otra vez los vigilantes, que carajo habíamos hecho para merecer tantos golpes en una sola noche, por suerte yo seguía manejando, el vigilante me pide la licencia, se la doy a renglón seguido me dice 'sopleme', yo sin una sola gota de alcohol en mi interior decido vengarme de todo lo sucedido contra el, así que hice todo el esfuerzo para sacar desde el interior de mis entrañas el hedor mas fétido posible, el vigilante lo merecía, buscaba dinero. En el semáforo siguiente dentro del carro inundaba el silencio, pero no por mucho tiempo el chillido provocado por el freno acelerado de un carro se escucho a nuestras espaldas, sin hacer nada, solo estando parqueados casi nos chocan...
Entendiendo que no era nuestro día nos retiramos, cada uno a su casa, al regresar de una fiesta, de una buena fiesta la mejor prueba que avala la diversión es el aroma de la vestimenta, la mía no olía ni a cigarrillo, ni a alcohol ni a mujer. Llegue con el mismo aroma fresco y cálido auspiciado por Perry Ellis 360, una noche para el olvido.
¬ Nunca hay 2 de nada ¬
Truman Capote en su cuento:
un recuerdo navideño.
viernes, 25 de julio de 2014
El trabajo del tiempo
Mmmmmmmmmm no hay que ser un genio para darse cuenta que con el pasar del tiempo la mujer se vuelve interesada, se fija mucho más en el dinero que en otros aspectos, ya sean estos cara, culo, biceps, sentimientos, no las critico puesto q es parte deL instinto de conservacion de la especie que les hace buscar a alguien quien pueda mantener de buena manera a sus crías, y si esto incluye lujos pues mejor. Pero deseo enfocarse en la forma de como muta este sentimiento es decir:
En los años juveniles._ mujer no iniciada, la cantidad de dinero q posee el amante es poco importante, creo yo q a esta edad es donde se puede encontrar el amor más sincero (ojo, no es regla, no soy brujo). Aquí se cree en el amor verdadero, tener presente q la gran mayoría de historias de amor reales y ficticias se desarrollan a esta edad. El 1er amor de cada uno seguido de Romeo y Julieta son mis probetas de muestra.
Entrados los 20s y 30s. _ El soporte económico que puede aportar el amante aumenta dramáticamente su valía, es muchisimo más difícil para un chiro conseguir un rabo.
Pasados los 40s._ quizá por las decisiones incorrectas tomadas en laS edades previas, me refiero a elegir n amor por conveniencia, hacen q a esta edad la mujer vuelva a buscar alguien quien la llene, y ya no se fijará en el dinero o al menos no tendrá el mismo peso q antes.
El lector audaz se dara cuenta del punto al que deseo llegar: fijarse en el dinero hace q la mujer tome una decisión equivocada respecto d a quien elegir como compañero,
Quiero también aclarar que quien escribe desea encontrar a su acompañante mié.tras es un chiel de buseta y zapato Venus, así de esta forma sabré q la mujer que me acepté no lo hará por dinero sino x loq soy y puedo llegar a ser. El ser chiro actuará como filtro anti-interesadas.
-Es una injusticia creer q la impresión q produces pueda debilitarse-
-Equilibrio-
miércoles, 25 de junio de 2014
Crónicas de una carta de amor
Charlie: Hola mi vida. Feliz aniversario!!!!. Te amo mi cielo gracias por estar junto a mi siempre.
Karem: Gracias corazón, te re-amo, eres lo mejor que me ha pasado, no podría hacer nada sin ti.
Charlie: Eres excepcional. Mi reina salgamos a celebrarlo en la noche, conozco un lugar que te encantara, podemos comer un poco y beber otro poco. Quiero disfrutar contigo y de ti.
Karem: Me encanta la idea mi amor, pasame viendo a las 8. Estaré lista para ti.
Charlie: Te amo :)
Karem: Yo también :)
Conversación típica de adolescentes enamorados desplegada en cualquier red social de moda: Whatsapp, Line, chat del fcbk, DM del twitter, etc; generalmente llenas de adornos innecesarios y superfluos, no pretendo vilipendiar sus actitudes dado que todos hemos recorrido tales escabrosos caminos, ni criticar el romanticismo mal utilizado. La idea principal en la cual me centrare es: Por que no lo plasmas en un papel a puño y letra? Si lo podemos escribir en digital, que nos impide escribirlo en físico? Y es que obviamente el valor que implica escribir una carta de amor a puño y letra es superlativo, escoger la palabra justa, la descripción perfecta, la prueba y error, la leída y releída, VAMOS es un placer!!!
Alguien quizá dirá que esta pasado de moda, que es algo estúpido y sin sentido, a lo cual yo respondo: la persona enamorada no comete cosas estúpidas y sin sentido? Agarrémonos de esa excusa para hacer algo estúpido y sin sentido pero bien hecho. Hagamos una gran estupidez!!!
Y me permito aclarar que esto no varia del campesino al civilizado, puesto que ambos sienten igual.
Lo que finalmente sugiero es que el escrito sea dirigido a quien realmente se ama, a esa persona que consideramos la elegida, para que la carta nazca como fruto de algo natural similar al aroma fresco del mejor café y no como algo forzado, tampoco nos dejemos llevar demasiado por la reacción de la otra persona puesto que tan honorable laboral fue llevada a cabo para exteriorizar nuestros sentimientos, de los sentimientos de la otra persona quizá nunca sabremos.
Escriban, para que el verso no se pierda en un historial de chat, sino para que se quede en el cajón de un velador esperando ser leída ya sea para reanimar o para recordar tiempos felices.
- Cada vez que un hombre hace una cosa claramente estúpida es siempre por los mas nobles motivos Oscar Wilde- El retrato de Dorian Gray-
Karem: Gracias corazón, te re-amo, eres lo mejor que me ha pasado, no podría hacer nada sin ti.
Charlie: Eres excepcional. Mi reina salgamos a celebrarlo en la noche, conozco un lugar que te encantara, podemos comer un poco y beber otro poco. Quiero disfrutar contigo y de ti.
Karem: Me encanta la idea mi amor, pasame viendo a las 8. Estaré lista para ti.
Charlie: Te amo :)
Karem: Yo también :)
Conversación típica de adolescentes enamorados desplegada en cualquier red social de moda: Whatsapp, Line, chat del fcbk, DM del twitter, etc; generalmente llenas de adornos innecesarios y superfluos, no pretendo vilipendiar sus actitudes dado que todos hemos recorrido tales escabrosos caminos, ni criticar el romanticismo mal utilizado. La idea principal en la cual me centrare es: Por que no lo plasmas en un papel a puño y letra? Si lo podemos escribir en digital, que nos impide escribirlo en físico? Y es que obviamente el valor que implica escribir una carta de amor a puño y letra es superlativo, escoger la palabra justa, la descripción perfecta, la prueba y error, la leída y releída, VAMOS es un placer!!!
Alguien quizá dirá que esta pasado de moda, que es algo estúpido y sin sentido, a lo cual yo respondo: la persona enamorada no comete cosas estúpidas y sin sentido? Agarrémonos de esa excusa para hacer algo estúpido y sin sentido pero bien hecho. Hagamos una gran estupidez!!!
Y me permito aclarar que esto no varia del campesino al civilizado, puesto que ambos sienten igual.
Lo que finalmente sugiero es que el escrito sea dirigido a quien realmente se ama, a esa persona que consideramos la elegida, para que la carta nazca como fruto de algo natural similar al aroma fresco del mejor café y no como algo forzado, tampoco nos dejemos llevar demasiado por la reacción de la otra persona puesto que tan honorable laboral fue llevada a cabo para exteriorizar nuestros sentimientos, de los sentimientos de la otra persona quizá nunca sabremos.
Escriban, para que el verso no se pierda en un historial de chat, sino para que se quede en el cajón de un velador esperando ser leída ya sea para reanimar o para recordar tiempos felices.
- Cada vez que un hombre hace una cosa claramente estúpida es siempre por los mas nobles motivos Oscar Wilde- El retrato de Dorian Gray-
viernes, 30 de mayo de 2014
sábado, 26 de abril de 2014
Dia del libro
Hace algún tiempo fue el día internacional del libro, algo que la verdad paso sin mucha importancia sobre mi, haciendo esa aclaración notè en redes sociales que muchos recomendaban lo mejor de lo que habían leído así que aprovechando mi tiempo libre pondré una lista de las que considero las mejores lecturas que he podido disfrutar, incluyendo cuentos. Tratarè de hacer un top ten, pero como no soy un gran lector, capaz ni lo complete:
1._ Al sur de la frontera al oeste del sol -Haruki Murakami; porque simplemente fue el libro con el cual realmente empezó mi inicio como lector. Lo recomiendo a viva voz especialmente si no se es un lector `rodado` como es mi caso. Hasta antes de el solo había leído algo de Paulo.
2._ Tokio blues - Haruki Murakami; quizá el buque insignia de quien si no es mi novelista favorita `Pega en el palo`, un vaivén de emociones, terminas con los sentimientos a flor de piel, un crecimiento exponencial. Al terminarlo a modo de reflexión me dije : Si tuviera una esposa le habría hecho el amor desde el ocaso hasta el amanecer. Midori queda en la mente.
3._ Patriotismo - Yukio Mishima; Es un cuento, el ritual del amor y de la muerte. Algo que siempre obsesiono a Yukio, el seppuku o mas conocido Harakiri, casi que relata su propia futura muerte y el verdadero amor, el amor que quema, el amor que desborda, el amor ágape, el amor eros, el amor que mata.
4.- El Lector - Bernhard Schlink; Quizá porque me paso a mi, recomiendo ver primero la película (esta en youtube y en este mismo blog también). Una mujer mayor que marca la vida de un joven, en particular me agrada debido al realce que se da no a la belleza física, sino a las actitudes, a las poses, a los aromas. Corto y entretenido.
5.- Travesuras de la niña mala - Mario Vargas Llosa; No recuerdo como llegue a leer este libro seguramente lo leí en algún blog, y no me arrepiento de la decisión de leer el libro, la descripción de la novela según su propio autor es: ''Una exploración del amor desligado de toda la mitología romántica que lo acompaña siempre''. Un relato de encuentros y desencuentros.
6.- Inferno - Dan Brown.- Este libro hay que leerlo con una conexión a Internet disponible, para googlear cada referencia sobre sitios y hechos históricos que es narrado, la trama atrapa desde el inicio, los capítulos cortos hacen lo mismo, te invitan a decir 'uno mas, uno mas' y luego sin darte cuenta son las 3 a.m. El final es muy bueno 'no lo ves venir'.
7.- Una película: Hierro 3 Click aquí para verla
Increíble!!!!!
La simpleza y complejidad de las miradas, prueban que las palabras aveces sobran.
Otros libros hay y muchos y mejores de ley, pero esto es lo que hay.
-No somos más que polvo de estrellas muertas, guapa, materia convertida en conciencia y en deseo-
1._ Al sur de la frontera al oeste del sol -Haruki Murakami; porque simplemente fue el libro con el cual realmente empezó mi inicio como lector. Lo recomiendo a viva voz especialmente si no se es un lector `rodado` como es mi caso. Hasta antes de el solo había leído algo de Paulo.
2._ Tokio blues - Haruki Murakami; quizá el buque insignia de quien si no es mi novelista favorita `Pega en el palo`, un vaivén de emociones, terminas con los sentimientos a flor de piel, un crecimiento exponencial. Al terminarlo a modo de reflexión me dije : Si tuviera una esposa le habría hecho el amor desde el ocaso hasta el amanecer. Midori queda en la mente.
3._ Patriotismo - Yukio Mishima; Es un cuento, el ritual del amor y de la muerte. Algo que siempre obsesiono a Yukio, el seppuku o mas conocido Harakiri, casi que relata su propia futura muerte y el verdadero amor, el amor que quema, el amor que desborda, el amor ágape, el amor eros, el amor que mata.
4.- El Lector - Bernhard Schlink; Quizá porque me paso a mi, recomiendo ver primero la película (esta en youtube y en este mismo blog también). Una mujer mayor que marca la vida de un joven, en particular me agrada debido al realce que se da no a la belleza física, sino a las actitudes, a las poses, a los aromas. Corto y entretenido.
5.- Travesuras de la niña mala - Mario Vargas Llosa; No recuerdo como llegue a leer este libro seguramente lo leí en algún blog, y no me arrepiento de la decisión de leer el libro, la descripción de la novela según su propio autor es: ''Una exploración del amor desligado de toda la mitología romántica que lo acompaña siempre''. Un relato de encuentros y desencuentros.
6.- Inferno - Dan Brown.- Este libro hay que leerlo con una conexión a Internet disponible, para googlear cada referencia sobre sitios y hechos históricos que es narrado, la trama atrapa desde el inicio, los capítulos cortos hacen lo mismo, te invitan a decir 'uno mas, uno mas' y luego sin darte cuenta son las 3 a.m. El final es muy bueno 'no lo ves venir'.
7.- Una película: Hierro 3 Click aquí para verla
Increíble!!!!!
La simpleza y complejidad de las miradas, prueban que las palabras aveces sobran.
Otros libros hay y muchos y mejores de ley, pero esto es lo que hay.
-No somos más que polvo de estrellas muertas, guapa, materia convertida en conciencia y en deseo-
domingo, 6 de abril de 2014
No tengo nada
Quiero cocinarte un estofado,
pero no tengo cazuela.
Quiero tejerte una bufanda,
pero no tengo lana.
Quiero escribirte una poesía,
pero no tengo pluma.
-No tengo nada-
Midori a Watanabe:
-Lo que quiero es simple egoísmo. Un egoísmo perfecto. Por ejemplo: te digo que quiero un pastel de fresa, y entonces tu lo dejas todo y vas a comprármelo. Vuelves jadeando y me lo ofreces. <<Toma, Midori. Tu pastel de fresa>>, me dices. Y te suelto: <<!Ya se me han quitado las ganas de comérmelo!>>. Y lo arrojo por la ventana. Eso es lo que yo quiero.
-No creo que eso sea el amor - le dije con semblante atónito.
-Si tiene que ver. Pero tu no lo sabes - replico Midori-. Para las chicas, a veces esto tiene una gran importancia.
-Arrojar pasteles de fresa por la ventana?
-Si. Y yo quiero me diga lo siguiente:<< Ha sido culpa mía. Tendría que haber supuesto que se te quitarían las ganas de comer pastel de fresa. Soy un estúpido, un insensible. Iré a comprarte otra cosa para que me perdones. Que te apetece? Mousse de chocolate? Tarta de queso?>>
-Y que sucedería a continuación?
-Pues que yo a una persona que hiciera esto por mi la querría mucho.
-A mi me parece un desatino.
-Yo creo que el amor es eso. Pero nadie me comprende. - Midori sacudió la cabeza sobre mi hombro-. Para un cierto tipo de personas el amor surge con un pequeño detalle. Y, si no, no surge.
-No creo que eso sea el amor - le dije con semblante atónito.
-Si tiene que ver. Pero tu no lo sabes - replico Midori-. Para las chicas, a veces esto tiene una gran importancia.
-Arrojar pasteles de fresa por la ventana?
-Si. Y yo quiero me diga lo siguiente:<< Ha sido culpa mía. Tendría que haber supuesto que se te quitarían las ganas de comer pastel de fresa. Soy un estúpido, un insensible. Iré a comprarte otra cosa para que me perdones. Que te apetece? Mousse de chocolate? Tarta de queso?>>
-Y que sucedería a continuación?
-Pues que yo a una persona que hiciera esto por mi la querría mucho.
-A mi me parece un desatino.
-Yo creo que el amor es eso. Pero nadie me comprende. - Midori sacudió la cabeza sobre mi hombro-. Para un cierto tipo de personas el amor surge con un pequeño detalle. Y, si no, no surge.
El suicidio es algo que se planea en el silencio del corazón, igual que una obra de arte.
La melodía al igual que el libro brindan un efecto melancólico, hipnótico y opiáceo.
La melodía al igual que el libro brindan un efecto melancólico, hipnótico y opiáceo.
el sexo , el amor y la muerte.
sábado, 29 de marzo de 2014
Las mujeres que los hombres nunca llamarían Putas
Gabriela, gracias por compartirme este post.
Debo admitir que lo del 'santo grial' de las relaciones fue como una especie de revelación.
Todas las mujeres son putas...
Debo admitir que lo del 'santo grial' de las relaciones fue como una especie de revelación.
Todas las mujeres son putas...
-Sus piernas median 26 besos.-
domingo, 23 de marzo de 2014
Patriotismo (Yukio Mishima)
I
El veintiocho de febrero de 1936, al tercer
día del incidente del 26 de febrero, el teniente Shinji Takeyama, del batallón
de transportes, profundamente perturbado al saber que sus colegas más cercanos
estaban en connivencia con los amotinados, e indignado ante la inminente
perspectiva del ataque de las tropas imperiales contra tropas imperiales, tomó
su espada de oficial y ceremoniosamente se vació las entrañas en la habitación
de ocho tatami de su residencia
privada en la sexta manzana de Aoba-cho, en el distrito Yotsuya. Su esposa,
Reiko, lo siguió clavándose un puñal hasta morir.
La nota de despedida del teniente consistía en
una sola frase: "¡Vivan las Fuerzas Imperiales!" La de su esposa,
luego de implorar el perdón de sus padres por precederles en el camino a la
tumba, concluía: "Ha llegado el día para la mujer de un soldado". Los
últimos momentos de esta heroica y abnegada pareja hubieran hecho llorar a los
dioses. Es menester destacar que la edad del teniente era de treinta y un años;
la de su esposa, veintitrés.
Hacía sólo dieciocho meses que se habían
casado.
II
Los que contemplaron el retrato conmemorativo
del novio y de la novia no dejaron de admirar, quizás tanto como quienes habían
asistido a la boda, el elegante porte de la pareja.
El teniente, de pie junto a su esposa, estaba
majestuoso en su uniforme militar. Su mano derecha descansaba sobre el puño de
la espada y con la izquierda sostenía la gorra de oficial. Su expresión severa
traducía claramente la integridad de su juventud.
En cuanto a la belleza de la novia, envuelta
en sus blancas vestiduras, sería difícil encontrar las palabras adecuadas para
describirla. Había sensualidad y refinamiento en sus ojos, en las finas cejas y
en los labios llenos. Una mano, tímidamente asomada a la manga del vestido,
sostenía un abanico, y las puntas de los dedos, agrupados delicadamente, eran
como el capullo de una flor de luna.
Luego de consumado el suicidio, muchos tomaron
la fotografía y se entregaron a tristes reflexiones acerca de las maldiciones
que suelen recaer sobre las uniones sin tacha. Quizás fuera sólo efecto de la
imaginación, pero, al observar el retrato, parecía casi que los dos jóvenes,
ante el biombo dorado, contemplaran, con absoluta claridad, la muerte que los
aguardaba.
Gracias a los buenos oficios de su mediador,
el teniente general Ozeki, habían podido instalarse en su nuevo hogar de
Aoba—cho, en Yotsuya. En realidad aquel nuevo hogar no era sino una vieja
casona alquilada, de tres dormitorios y con un pequeño jardín detrás.
Utilizaban la habitación del piso superior, de ocho tatami, como dormitorio y habitación de huésped, pues el resto de
la casa no recibía la luz del sol.
No tenían sirvientes y Reiko cuidaba del hogar
en ausencia de su marido.
El viaje de boda quedó postergado por
coincidir con una época de emergencia nacional. El teniente y su esposa pasaron
la primera noche de casados en la vieja casa. Muy tieso, sentado sobre el piso
y con su espada frente a él, Shinji había hecho escuchar a su esposa un
discurso de corte militar antes de llevarla al lecho nupcial. Una mujer que
contraía matrimonio con un soldado debía saber y aceptar sin vacilaciones el
hecho de que la muerte de su marido podría llegar en cualquier momento. Quizás
al día siguiente. No importaba cuándo. ¿Estaba ella conforme con aceptarlo?
Reiko se puso de pie y, abriendo la vitrina, tomó de ella su más preciado bien,
un puñal regalado por su madre. Se comprendieron perfectamente sin necesidad de
palabras y el teniente no puso nunca más a prueba la resolución de su mujer.
Durante los primeros meses que siguieron a la
boda, la belleza de Reiko se hizo cada día más radiante. Brillaba, serena, como
la luna después de la lluvia.
Como ambos estaban dotados de cuerpos sanos y
vigorosos, su relación era apasionada y no se limitaba a las horas de la noche.
En más de una ocasión, al volver a su hogar directamente del campo de
maniobras, y aún con el uniforme salpicado de barro, el teniente había poseído
a su mujer en el suelo, apenas abierta la puerta de la casa. Reiko le
correspondía con el mismo ardor. En aproximadamente un mes, contando con la
noche de bodas, Reiko conoció la absoluta felicidad, y el teniente, al
comprobarlo, se sintió también muy feliz.
El cuerpo de Reiko era blanco y puro, y de sus
pechos turgentes emanaba un rechazo firme y casto que, cuando gozaba, se mudaba
en la mas íntima y acogedora tibieza. Aun en los momentos de mayor intimidad se
mantenían extraordinariamente serios. Conservaban sus corazones sobrios y
austeros en medio de las más embriagadoras demostraciones de pasión.
El teniente recordaba a su mujer durante el
día en los cortos periodos de descanso entre su entrenamiento y su retorno al
hogar, y Reiko no olvidaba a su marido en ningún momento. Cuando estaban
separados, les bastaba con mirar solamente la fotografía de su casamiento para
ratificar una vez más su felicidad. A Reiko no le sorprendía en lo mas mínimo
que un hombre que había sido un extraño hasta algunos meses atrás se hubiese
convertido en el sol alrededor del cual giraban su vida y su mundo.
Esta relación tenía una base moral y seguía
fielmente el mandato de los Principios de la Educación en los que se estipula
que "la armonía reinará entre el marido y la mujer". Reiko no
encontró jamás la ocasión de contradecir a su marido, y el teniente no tuvo
motivo alguno para reñir a su mujer.
En el nicho, debajo de la escalera, junto a la
tablilla del Gran Santuario Ise, habían colocado fotografías de sus Majestades
Imperiales, y cada mañana, antes de partir hacia sus obligaciones, el teniente
y su mujer se detenían frente a ese lugar santificado y juntos se inclinaban en
una profunda reverencia.
La ofrenda de agua se renovaba cada mañana y
la rama sagrada de sakasi estaba siempre verde y fresca. Sus vidas se
deslizaban bajo la solemne protección de los dioses y estaban colmadas de una
felicidad intensa que hacía vibrar cada fibra de sus cuerpos.
III
Aun cuando la casa de Saito, Señor del Sello
Privado, se hallaba en la vecindad, nadie escuchó allí el tiroteo de la mañana
del 26 de febrero. Aquel fue un ruidoso toque de atención en el amanecer nevado
e interrumpió bruscamente el sueño del teniente. Saltó inmediatamente de la cama
y, sin pronunciar palabra, vistió el uniforme, se ajustó la espada que le
tendía su mujer y se precipitó hacia la calle cubierta de nieve en el oscuro
amanecer. No regresó a su hogar hasta la noche del día veintiocho.
Algo más tarde, Reiko escuchó por la radio las
noticias sobre aquella súbita erupción de violencia. Vivió los dos días
siguientes en completa y tranquila soledad tras las puertas cerradas.
Reiko había leído la presencia de la muerte en
el rostro de su marido al marcharse a toda prisa bajo la nieve. Si Shinji no
regresaba, su propia decisión era también muy firme. Moriría con él.
Se dedicó, entonces, a ordenar sus
pertenencias personales. Eligió su mejor conjunto de kimonos como recuerdo para
sus amigas de colegio y escribió un nombre y una dirección sobre el rígido
papel en el que los había doblado uno por uno.
Como su marido le recordaba constantemente que
no hay que pensar en el mañana, Reiko ni siquiera había escrito un diario, y se
encontraba, ahora, en la imposibilidad de releer los pasajes en los que hubiera
dado testimonio de su felicidad. Sobre la radio se destacaban un perrito de
porcelana, un conejo, una ardilla, un oso y un zorro. Tampoco faltaban allí un
jarrón y un recipiente para el agua. Estos objetos constituían la única
colección de Reiko. Sin embargo, de nada serviría regalarlos como recuerdos.
Tampoco sería apropiado pedir específicamente que fueran incluidos en su ataúd.
Mientras estos objetos desfilaban por su mente, Reiko tuvo la sensación de que
los animalitos parecían cada vez más tristes y desamparados.
Tomó la ardilla en su mano y la observó. Fue
entonces cuando, con sus pensamientos puestos en un reino mucho más alejado que
estos afectos infantiles, vio en la lontananza los principios, vitales como el
sol, que personificaba su marido. Estaba pronta y feliz de terminar sus días en
compañía de aquel hombre deslumbrante, pero en ese momento de soledad se
permitió refugiarse con el inocente afecto por aquellas bagatelas. Ya había
pasado el tiempo en que realmente las había amado.
Ahora solamente acariciaba su recuerdo y el
lugar que ocuparan en su corazón se había colmado definitivamente con pasiones
más intensas.
Reiko jamás había supuesto que las turbadoras
emociones de la carne fueran sólo un placer. La baja temperatura de febrero y
el contacto con la gélida porcelana de la ardilla habían entumecido sus dedos.
Sin embargo, bajo los dibujos simétricos de su acicalado kimono meisen podía
sentir, cuando recordaba los poderosos brazos del teniente, una cálida humedad
que, desde su piel, desafiaba al frío.
No experimentaba absolutamente ningún temor
por la muerte que rondaba en la cercanía. Mientras esperaba sola en su casa,
Reiko no dudaba que la angustia y la congoja que estaría experimentando su
marido en aquellos momentos la llevarían, con tanta certeza como su intensa
pasión, a una muerte agradable. Sentía en lo más hondo que su cuerpo podría
disolverse con facilidad y convertirse en una sola cosa con el pensamiento de
su marido.
A través de las informaciones de la radio,
escuchó los nombres de varios colegas de su marido mencionados entre los
insurgentes. Éstas eran noticias de muerte. Se preguntaba ansiosamente, a
medida que la situación se hacía más difícil, por qué no se emitía una
Ordenanza Imperial. El movimiento, que en un principio había parecido ser un
intento de restaurar el honor nacional, se había convertido gradualmente en
algo llamado motín. El regimiento no había dado ningún comunicado y se suponía
que, en cualquier momento, podría comenzar la lucha en las calles aún cubiertas
de nieve.
El veintiocho, a la caída del sol, furiosos
golpes estremecieron a Reiko. Bajó precipitadamente las escaleras, y mientras,
con dedos inexpertos, tiraba del pasador, la silueta apenas delineada tras los
vidrios cubiertos de escarcha, no emitía sonido alguno. Sin embargo, no dudó de
la presencia de su marido. Nunca antes había tenido tanta dificultad en abrir
la puerta. Cuando finalmente pudo lograrlo, se encontró frente al teniente
enfundado en un capote color kaki y con las botas de campaña salpicadas de
barro.
Reiko no comprendió por qué Shinji cerró la
puerta y corrió nuevamente el pasador.
—Bienvenido a casa —la joven ejecuta una
profunda reverencia a la cual su marido no responde. Se había quitado la espada
y comenzaba a desembarazarse del capote. Ella quiso ayudarlo. La chaqueta, que
estaba fría y húmeda y había perdido el olor a estiércol que tenía normalmente
cuando se la exponía al sol, le pesaba en el brazo. La colgó de una percha y
sosteniendo la espada y el cinturón de cuero entre sus mangas, esperó a que su
marido se quitase las botas. Luego, lo siguió hasta el cuarto de estar: la
habitación de seis tatami.
Bajo la clara luz de la lámpara, el rostro
barbudo y agotado de su marido era casi irreconocible. Las mejillas hundidas
habían perdido su brillo y elasticidad.
En circunstancias normales hubiera cambiado su
ropa por otra de casa, y la hubiera urgido a servir la comida de inmediato. En
cambio, aquella noche se sentó frente a la mesa vistiendo el uniforme y con la
cabeza hundida sobre el pecho.
Reiko se abstuvo de preguntar si debía
preparar la comida.
—Yo no sabía nada —dijo el hombre al cabo de
un silencio—. No me pidieron que me uniera a ellos .Quizás no lo hicieron al
saberme recién casado. Kano, Homma y, también, Yamaguchi.
Reiko evocó los rostros de los alegres
oficiales jóvenes, amigos de su marido, que habían ido a aquella casa en
calidad de invitados.
—Quizás mañana se publique una Ordenanza
Imperial. Supongo que serán juzgados como rebeldes. Estaré a cargo de la unidad
con órdenes de atacarlos... No puedo hacerlo. Sería simplemente imposible
—guardó un corto silencio—. Me han dispensado de las guardias y estoy
autorizado para volver a casa por una noche. Mañana, a primera hora, deberé
unirme al ataque sin proferir una réplica. No puedo hacerlo, Reiko...
Reiko estaba sentada, muy tiesa, con los ojos
bajos.
Comprendía muy claramente que su marido
hablaba en términos de muerte. El teniente estaba resuelto y, aun cuando
todavía planteaba el dilema, en su mente ya no cabían vacilaciones.
Sin embargo, en el silencio que se estableció
entre ambos, todo quedó claro con la misma transparencia de un cauce alimentado
por el deshielo.
Ya en su casa después de la larga prueba de
dos días y contemplando el rostro de su hermosa mujer, el teniente experimentó,
por primera vez, una verdadera paz interior. Había intuido de inmediato que su
mujer conocía la resolución que ocultaban sus palabras.
—Bien, entonces... —el teniente abrió,
grandes, los ojos. Pese al cansancio, su mirada era fuerte y transparente y no
la apartó de su esposa—. Esta noche me abriré el estómago.
Reiko no vaciló.
—Estoy preparada —dijo—, permíteme
acompañarte.
El teniente se sintió casi hipnotizado por la
mirada implorante de su esposa. Sus palabras comenzaron a fluir rápida y
fácilmente, como expresadas en delirio.
Otorgó su aprobación a aquella empresa vital
en una forma descuidada y negligente que parecía escapar a su entendimiento.
—Bien. Nos iremos juntos. Pero, antes, quiero
que seas testigo de mi muerte.
Ya de acuerdo, sus corazones se vieron
inundados por una repentina felicidad.
Reiko estaba profundamente conmovida por la
confianza que depositaba en ella su marido. Era vital para el teniente que no
se cometieran irregularidades en su muerte. Por esta razón era necesario un
testigo. Y el haber elegido para tal fin a su mujer, demostraba una profunda y
absoluta confianza. En segundo lugar, y esto era aun más importante, aunque había
rogado a Reiko que muriera con él, ni siquiera intentaba matar a su esposa
primero, sino que dejaba aquel momento librado al criterio de ella, para cuando
él ya no estuviera allí, verificándolo todo. Si el teniente hubiera abrigado la
menor sospecha, cumpliendo el pacto de los suicidas, hubiera preferido matarla
primero.
Cuando Reiko dijo: "Permíteme
acompañarte", el teniente apreció en estas palabras el fruto final de las
enseñanzas impartidas a su mujer desde la noche del casamiento. La había educado
en forma tal que, llegado el momento, respondía en los exactos términos que
correspondían. Era éste un halago a la confianza en sí mismo que alimentaba
Shinji... No era ni tan romántico ni tan presuntuoso como para creer que esas
palabras eran dichas espontáneamente, sólo por amor.
Sus corazones estaban tan inundados de
felicidad, que no podían dejar de sonreír. Reiko se sentía nuevamente en la
noche de bodas. Ante sus ojos no existían ni el dolor ni la muerte. Sólo creía
ver un ilimitado espacio abierto hacia vastos horizontes.
—El agua está caliente. ¿Te darás un baño
ahora?
—Sí, por supuesto.
—¿Y la comida...?
Las palabras fueron pronunciadas en un tono
tan tranquilo y doméstico, que, por una fracción de segundo, el teniente creyó
haber sido juguete de una alucinación.
—No creo que sea necesario. ¿Podrás calentar
un poco de sake?
—Como quieras.
Reiko se levantó y al tomar del ropero un
vestido tanzan para después del baño, atrajo deliberadamente la atención de su
marido sobre los cajones vacíos. El teniente observó el interior del mueble.
Leyó las direcciones sobre los regalos recordatorios. No hubo pena en él frente
a la heroica determinación de Reiko. Como un marido a quien su joven esposa
enseña con orgullo sus compras pueriles, el teniente, inundado de afecto,
abrazó a su mujer cariñosamente por la espalda y le besó el cuello.
Reiko sintió la aspereza de aquel rostro sin
afeitar. Esta sensación encerraba para ella toda la alegría del mundo, y ahora
—sintiendo que iba a perderla para siempre— contenía una frescura mas allá de
toda experiencia. Cada momento parecía contener una infinita fuerza vital. Los
sentidos se despertaron en todo su cuerpo.
Aceptando las caricias de Shinji, Reiko se
alzó sobre la punta de los pies y dejó que aquella vitalidad atravesara su
cuerpo.
—Primero, el baño, y luego, después de tomar
sake... Prepara las camas arriba, ¿quieres?
El teniente susurró algo en el oído de su
mujer, y ella asintió silenciosamente.
El teniente se quitó apresuradamente el uniforme
y se dirigió al baño.
Al escuchar el suave rugido del agua, Reiko
llevó carbón hasta el cuarto de estar y empezó a calentar el sake.
Tomó el tanzen, un fajín y su ropa interior.
Se dirigió al baño para controlar el calor del agua. En medio de una nube de
vapor, el teniente se afeitaba con las piernas cruzadas en el suelo. Ella pudo
distinguir los músculos de su fuerte espalda húmeda que respondían a los
movimientos de sus brazos.
Nada sugería algún acontecimiento anormal.
Reiko se ocupaba diligentemente de sus tareas y preparaba platos improvisados.
Sus manos no temblaban y se mostraba más
eficiente y desenvuelta que de costumbre. De tanto en tanto sentía extrañas
palpitaciones en el centro del pecho, pero eran como luces distantes. Tenían un
momento de gran intensidad y luego se desvanecían sin dejar huellas. Omitiendo
esto, no parecía ocurrir nada fuera de lo habitual.
Mientras se afeitaba en el baño, el teniente
sintió que su cuerpo tibio se libraba milagrosamente de la desesperada fatiga
de aquellos días de incertidumbre y se llenaba de una agradable expectativa
pese a la muerte que lo aguardaba. Podía oír vagamente los ruidos habituales
con que su mujer cumplía sus quehaceres, y un saludable deseo físico,
postergado durante dos días, se presentó nuevamente.
El teniente confiaba en que no había habido
impureza en el goce experimentado mientras resolvían morir.
Ambos habían sentido en aquel momento, aun
cuando no de una manera clara y consciente, que esos placeres permisibles
estaban nuevamente bajo la protección del Bien y del Poder Divino. Los protegía
una moralidad total e intachable. Al mirarse a los ojos descubrieron en su
interior una muerte honorable, estaban de nuevo a salvo tras las paredes de
acero que nadie podría destruir, enfundados en la impenetrable coraza de la
Belleza y la Verdad.
El teniente podía entonces considerar su
patriotismo y las urgencias de su carne como un todo.
Acercó más aun la cara al oscuro y agrietado
espejo de pared y se afeitó cuidadosamente. Aquel era el rostro que presentaría
a la muerte y era importante que no tuviera imperfecciones. Sus mejillas,
recién afeitadas, irradiaban nuevamente el brillo de la juventud y parecían
iluminar la opacidad del espejo. Sintió que había cierta elegancia en la asociación
de la muerte con aquella cara sana y radiante.
Sería su rostro de difunto. En realidad ya
había dejado a medias de pertenecerle para convertirse en el busto de un
soldado muerto. A título de experimento, cerró fuertemente los ojos y todo
quedó envuelto en la oscuridad. Ya no era una criatura viviente.
Al salir del baño, con un tenue reflejo
azulado bajo la tersa piel de las mejillas, se sentó junto al brasero de
carbón. Advirtió que, pese a hallarse ocupada, Reiko había encontrado el tiempo
necesario para retocar su cara. Su rostro estaba fresco y sus labios húmedos.
Era imposible encontrar en ella el menor rastro de tristeza, y al observar
aquella demostración de la personalidad apasionada de su mujer, el teniente
pensó que había elegido la esposa que le correspondía.
Tan pronto como hubo vaciado su taza de sake,
se la ofreció a Reiko, quien nunca lo había probado. La joven bebió un sorbo,
tímidamente.
—Ven aquí—dijo el teniente.
Reiko se acercó a su marido, y mientras él la
abrazaba ella se sintió profundamente conmovida, como si la tristeza, la
alegría y el poderoso sake se mezclaran dentro de ella.
El teniente contemplo las facciones de su
esposa. Era el último rostro que vería en este mundo. Lo estudió minuciosamente
con los ojos de un viajero despidiéndose de espléndidos paisajes.
Reiko tenía una cara de rasgos regulares, sin
ser fríos, y de labios suaves. El teniente, que no se cansaba de contemplarla,
la besó en la boca. Y repentinamente, sin que se alterara su belleza por el
llanto, las lágrimas comenzaron a brotar lentamente bajo las largas pestañas y
corrieron como hilos brillantes por sus mejillas.
Luego Shinji quiso subir al dormitorio, pero
ella le suplicó que le diera tiempo a tomar su baño. El teniente subió, pues,
solo, y se acostó con los brazos y las piernas abiertas en la habitación
entibiada por la estufa de gas. El tiempo que transcurrió esperando a su mujer
no fue más largo de lo habitual.
Colocó las manos bajo la cabeza y observó las
vigas del techo. ¿Esperaba la muerte? ¿Un salvaje éxtasis de los sentidos?
Ambas cosas parecían sobreponerse, como si el objeto del deseo físico fuera la
muerte propia.
El teniente nunca había gozado de una libertad
tan absoluta.
Un coche frenó y pudo escuchar el chirrido de
las ruedas patinando sobre la nieve apilada en los bordes de la calle. La
bocina repercutió en las paredes cercanas. Al percibir esos ruidos, Shinji
pensó que aquella casa se levantaba como una isla solitaria en el océano de una
sociedad ocupada incansablemente en los mismos asuntos de siempre. A su
alrededor se extendía desordenadamente el país por el cual estaba sufriendo y a
punto de dar la vida. No sabía ni le importaba si aquella gran nación reconocería
su sacrificio. En su campo de batalla no existía la gloria. Era la trinchera
del espíritu.
Los pasos de Reiko resonaron en la escalera.
Crujían los empinados escalones de la antigua morada y estos sonidos inundaron
al teniente de gratos recuerdos. En cuantas ocasiones los había escuchado desde
la cama. Al reflexionar en que ya no volvería a percibirlos, se concentró en
ellos tratando de que cada rincón de aquel tiempo precioso se colmara con el
ruido de las suaves pisadas de la vieja escalera. Tales instantes parecieron
transformarse en joyas rutilantes de luz interior.
Reiko tenia un fajín sobre el yukata y su rojo
estaba atenuado por la media luz. El teniente quiso asirla y la mano de Reiko
corrió en su ayuda. El fajín cayó al suelo.
Ella estaba de pie frente a él, vistiendo su
yukata.
El hombre hundió las manos en las aberturas
laterales bajo las mangas y la abrazó intensamente. El roce de sus dedos sobre
la piel desnuda, sentir que las axilas se cerraban suavemente sobre sus manos,
encendió aun más su pasión y, pocos instantes más tarde, ambos yacían desnudos
frente al brillante fuego de la estufa.
No pronunciaron palabra alguna, pero sus
cuerpos y sus corazones se inflamaron al saber que aquel sería el último
encuentro. Era como si las palabras "ÚLTIMA VEZ" hubieran sido
estampadas con pinceladas invisibles sobre cada centímetro de sus cuerpos.
El teniente atrajo a su mujer y la besó con
vehemencia. Sus lenguas exploraron las bocas, adentrándose en su interior suave
y húmedo, y fue como si las aún desconocidas agonías de la muerte templaran sus
sentidos como el acero al rojo vivo. Los lejanos dolores finales habían
refinado su percepción amorosa.
—Es la ultima vez que voy a verte —murmuró el
teniente—. Déjame mirar... —y tomando la lámpara en su mano, dirigió un haz de
luz sobre el cuerpo extendido de Reiko.
Ella había cerrado los ojos. La luz de la
lámpara destacaba la majestuosidad de su carne blanca. El teniente con un dejo
de egocentrismo, se alegró pensando en que jamás vería esa belleza derrumbándose
frente a la muerte.
El teniente contempló sin apuro aquel
inolvidable espectáculo. Acariciaba la sedosa cabellera, palmeaba suavemente el
bello rostro y besaba todos los puntos donde se detenía su mirada. La frente
alta tenía una serena frescura, los ojos cerrados se orlaban de largas pestañas
bajo las cejas finamente dibujadas y el brillo de los dientes se entreveía por
los labios llenos y regulares... Todo ello configuraba en la mente del teniente
la visión de una máscara mortuoria verdaderamente radiante y una y otra vez
apretó sus labios contra la blanca garganta donde la mano de Reiko no tardaría
en descargar su certero golpe. El cuello enrojeció bajo los besos y volviendo
suavemente a los labios de su amada, apoyó su boca sobre ellos con el
fluctuante movimiento de un pequeño bote. Cerrando los ojos, el mundo se
convertirá, así, en una mecedora.
La boca del teniente seguía fielmente el
recorrido de sus ojos. Los pechos altos y turgentes, terminados como capullos
de cerezo silvestre, se endurecían al contacto de sus labios. Los brazos
emergían malsanamente a ambos lados, afinándose hacia las muñecas, pero sin
perder su redondez ni simetría.
Los dedos delicados eran aquellos que habían
sostenido el abanico durante la ceremonia nupcial. A medida que el teniente los
besaba, se retraían como avergonzados. El hueco natural de esa curva entre el
pecho y el estómago tenía en sus líneas no sólo la sugestión de la tersura,
sino la fuerza de la elasticidad y anunciaba las ricas curvas que se extendían
hasta las caderas. La riqueza y la blancura del vientre y las caderas eran como
la leche contenida en un recipiente amplio. El hoyo sombreado del ombligo podía
haber sido la huella de una gota de agua recién caída allí. Donde las sombras
se hacían más intensas, el vello crecía apretado, dulce y sensible, y a medida
que la excitación aumentaba en aquel cuerpo que había dejado de mostrarse
pasivo, un aroma de flores ardientes se hacia cada vez más penetrante.
Reiko habló, por fin, con voz trémula:
—Muéstrame... Déjame mirar por última vez...
Shinji no había escuchado nunca de labios de
su mujer un ruego tan firme y definido. Era como si su modestia ya no podía
ocultar algo que, ahora, se libraba de las trabas que la oprimían. El teniente
se recostó sumisamente para someterse a los requerimientos de su mujer. Ella
alzó ágilmente su cuerpo blanco y tembloroso y ardiendo en un inocente deseo de
devolverle todo cuanto había hecho por ella, puso los dedos sobre los ojos de
Shinji y los cerró suavemente.
Repentinamente inundada de ternura, con las
mejillas encendidas por el vértigo de la emoción, Reiko abrazó la cabeza rapada
del teniente y el pelo afeitado lastimó su pecho. Aflojando el abrazo,
contempló luego el rostro varonil de su marido. Las cejas severas, los ojos
cerrados, el espléndido puente de la nariz, los labios bien dibujados y firmes.
Reiko comenzó a besarlos, se detuvo en la ancha base del cuello, en los hombros
fuertes y erguidos, en el pecho poderoso con sus círculos gemelos semejantes a
escudos de ásperos pezones. Un olor dulce y melancólico se desprendía de las
axilas profundamente sombreadas por la carne abundante del pecho y de los
hombros. En cierto modo, la esencia de la muerte joven estaba contenida en
aquella dulzura. La piel desnuda del teniente relucía como un campo de cebada y
podía observar los músculos en relieve convergiendo sobre el abdomen alrededor
del ombligo pequeño y modesto.
Al mirar el estómago firme y joven,
púdicamente cubierto por un vello vigoroso, Reiko pensó que pronto iba a ser
cruelmente lacerado por la espada y, reclinando la cabeza, rompió en sollozos y
lo cubrió con sus besos.
Al sentir las lágrimas de su mujer, el
teniente se sintió capaz de afrontar valerosamente las más crueles agonías del
suicidio. Resulta fácil imaginar a qué éxtasis llegaron después de aquellos
tiernos intercambios. El teniente se incorporó y rodeó con un potente abrazo a
su mujer, cuyo cuerpo estaba exhausto luego de tantas lágrimas y aflicciones.
Juntaron sus caras apasionadamente, restregando las mejillas. El cuerpo de
Reiko temblaba. Sus pechos húmedos estaban fuertemente apretados y cada
milímetro de aquellos cuerpos jóvenes y hermosos se habían compenetrado tanto
con el otro que parecía imposible que se separaran jamás.
Reiko gritó.
Desde las altura se sumergieron en el abismo,
y, de allí, una vez más hasta embriagantes alturas. El teniente jadeaba como el
portador de un estandarte...
Al terminarse su ciclo, surgía inmediatamente
una nueva ola de placer y, juntos, sin muestras de fatiga, se elevaron
nuevamente hasta la cima misma de un nuevo movimiento jadeante.
IV
Cuando Shinji se volvió finalmente no fue por
cansancio. No quería agotar la considerable fuerza física que necesitaría para
llevar a cabo el suicidio. Ademas, hubiera lamentado enturbiar la dulzura de
aquellos últimos momentos abusando de esos goces.
Reiko, con su habitual complacencia, siguió el
ejemplo de su marido. Los dos yacían desnudos, con los dedos entrelazados,
mirando fijamente el oscuro cielo raso. La habitación estaba caldeada por la
estufa y en la noche silenciosa no se escuchaba el trafico callejero. Ni
siquiera llegaba hasta ellos el fragor de los trenes y autobuses de la estación
Yotsuya, que se perdía en el parque densamente arbolado frente a la ancha
carretera que bordea el Palacio Akasaka. Resultaba difícil pensar en la tensión
existente en el barrio donde las dos facciones del Ejercito Imperial se preparaban
para la lucha.
Deleitándose en su propio calor, los jóvenes
rememoraron en silencio los éxtasis recientes. Revivieron cada momento de la
pasada experiencia, recordaron el gusto de los besos nunca agotados, el
contacto de la piel desnuda, tanta embriagante felicidad .Pero ya entonces, el
rostro de la muerte acechaba desde las vigas del techo. Aquellos habían sido
los últimos placeres de los que sus cuerpos no disfrutarían nunca más. Ambos
pensaron que, aun cuando vivieran hasta una edad avanzada, no volverían a
disfrutar de un goce tan intenso.
También se desprenderían sus dedos
entrelazados. Hasta los dibujos de las oscuras vetas de la madera,
desaparecerían pronto. Era posible detectar el avance de la muerte. En aquel
momento ya no cabían dudas. Era menester tener el coraje necesario, salirle al
encuentro y atraparla.
—Podemos prepararnos —dijo el teniente.
La determinación que encerraban sus palabras
era inconfundible, pero tampoco había habido nunca tan cálidas y tiernas
inflexiones en su voz.
Varias tareas los aguardaban. El teniente, que
no había ayudado nunca a guardar las camas, empujó la puerta corrediza del
armario, alzó el colchón y lo depositó dentro de él.
Reiko apagó la estufa y la luz. En ausencia
del teniente lo había aseado todo cuidadosamente, y ahora aquella habitación de
ocho tatami presentaba la apariencia
de una sala lista para recibir a importantes invitados.
—Aquí bebieron Kano y Homma y Noguchi...
—Sí, eran todos grandes bebedores.
—Nos reuniremos pronto con ellos en el otro
mundo. Se burlarán de nosotros cuando adviertan que te llevo conmigo.
Al bajar la escalera, el teniente se volvió
para contemplar la limpia y tranquila habitación iluminada por la lámpara. En
su mente flotaba el recuerdo de los jóvenes oficiales que allí habían bebido y
bromeado inocentemente. Nunca había imaginado, entonces, que en aquella
habitación se abriría el estómago.
El matrimonio se ocupó despacio y serenamente
de sus respectivos preparativos en las dos habitaciones de la planta baja. El
teniente fue primero al retrete, y luego, al baño a lavarse. Mientras tanto,
Reiko doblaba y guardaba la bata acolchada de su marido; ordenaba la túnica del
uniforme, los pantalones y un taparrabos blanco recién cortado; disponía unas
hojas de papel sobre la mesa del comedor para las notas de despedida. Luego,
tomó la caja que contenía los instrumentos para escribir, y comenzó a raspar la
tableta para hacer tinta. Ya había decidido el contenido de su última misiva.
Los dedos de Reiko apretaron fuertemente las
frías letras doradas de la tableta y el agua del tintero se tiñó inmediatamente
como si una oscura nube hubiera pasado sobre él. Todo aquello no era sino una
solemne preparación para la muerte. La rutina doméstica o una forma de pasar el
tiempo hasta que llegara el momento del enfrentamiento definitivo. Una
inexplicable oscuridad brotaba del olor de la tinta al espesarse.
El teniente salió del baño. Vestía el uniforme
sobre la piel. Sin pronunciar una palabra, tomó asiento frente a la mesa y, empuñando
el pincel, permaneció indeciso frente al papel que tenía delante.
Reiko tomó un kimono de seda blanca y, a su
vez, entró en el baño. Cuando reapareció en la habitación, ligeramente
maquillada, la misiva ya estaba terminada. El teniente la había colocado bajo
la lámpara .Las gruesas pinceladas solo decían:
"¡Vivan las fuerzas imperiales! —
Teniente del ejército, Takeyama Shinji."
El teniente observó en silencio los
controlados movimientos con que los dedos de su mujer manejaban el pincel.
Con sus respectivas esquelas en la mano —la
espada del teniente ajustada sobre su costado y la pequeña daga de Reiko dentro
de la faja de su kimono blanco—, ambos permanecieron frente al santuario,
rezando en silencio. Luego, apagaron todas las luces de la planta baja.
Mientras subían, el teniente volvió la cabeza y observó la llamativa silueta de
su mujer que, toda vestida de blanco y los ojos bajos, iba tras él.
Acomodaron las notas de despedida una junto a
la otra en la alcoba de la planta baja.
Por un momento pensaron en descolgar el
pergamino, pero como había sido escrito por su mediador el teniente general
Ozzeki y consistía en dos caracteres chinos que significaban
"Sinceridad", lo dejaron donde estaba. Pensaron que, aunque se
manchara con sangre, el teniente general no se ofendería.
Shinji tomó asiento de espaldas a la
habitación y, muy erguido, colocó su espada frente a él. Reiko se sentó frente
a él, a un tatami de distancia. El
toque de pintura en sus labios parecía aun más seductor sobre el severo fondo
blanco.
Se miraron intensamente a los ojos a través de
la distancia de un tatami que los
separaba. La espada del teniente casi tocaba sus rodillas. Al verla, Reiko
recordó la primera noche de casada, y se sintió abrumada de tristeza.
Finalmente, el teniente habló con voz ronca:
—Como no voy a tener quién me ayude, me haré
un corte profundo. Puede que sea desagradable. Por favor, no te asustes. La
muerte es algo horrible de presenciar, en cualquier circunstancia. No debes
dejarte atemorizar, ¿comprendes?
Reiko asintió con una profunda inclinación de
cabeza.
Al mirar la figura esbelta de su mujer, el
teniente experimentó una extraña excitación. Estaba por llevar a cabo un acto
que requería toda su capacidad de soldado, algo que exigía una resolución
similar al coraje que se necesita para entrar en combate. Sería una muerte no
menos importante ni de menor calidad que si hubiera muerto en el frente de
batalla.
Por unos instantes el pensamiento llevó al
teniente a elaborar una rara fantasía. Una muerte solitaria en el campo de
lucha, una muerte frente a los ojos de su hermosa esposa... Una dulzura sin
límites lo invadió al experimentar la sensación de que iba a morir en aquellas
dos dimensiones, conjugando la imposible unión de ambas.
"Este debe ser el pináculo de la buena
fortuna", pensó. El hecho de que aquellos hermosos ojos observaran cada
minuto de su muerte, equivaldría a ser llevado al más allá en alas de una brisa
fragante y sutil.
Presentía en aquella circunstancia una suerte
de merced especial, vedada a los demás, a él solo dispensada. El teniente creyó
ver en su radiante esposa, ataviada como una novia, el compendio de todo lo
amado por lo cual iba, ahora, a entregar la vida. La Casa Imperial, la Nación,
la bandera del Ejército. Todas ellas eran presencias que, como su esposa, lo
observaban atentamente con ojos transparentes y firmes. Reiko también
contemplaba a su marido que tan pronto habría de morir, pensando que jamás
había visto algo tan maravilloso en el mundo.
El uniforme siempre le sentaba bien, pero
ahora, mientras se enfrentaba a la muerte con cejas severas y labios firmemente
apretados, irradiaba lo que podría llamarse una esplendorosa belleza varonil.
—Es hora de partir —dijo, por fin.
Reiko dobló su cuerpo hasta el suelo en una
profunda reverencia. No podía alzar el rostro. No quería arruinar su maquillaje
con las lágrimas que le resultaban imposibles de contener.
Cuando finalmente alzó la mirada, vio
borrosamente, a través de las lágrimas, que su marido había enroscado una venda
blanca alrededor de su espada ahora desenvainada; sólo dejaba en la punta doce
o quince centímetros de acero al desnudo.
Apoyando la espada en el tatami que tenía frente a él, el teniente se alzó sobre las
rodillas, se sentó nuevamente con las piernas cruzadas y desabrochó el cuello del
uniforme. Sus ojos no verían ya a su mujer. Lentamente, se desprendió uno por
uno los botones chatos de metal. Observó primero su pecho oscuro y, luego, su
estómago. Desató el cinturón y se desabrochó los pantalones. Tomó el taparrabos
con ambas manos y lo tiró hacia abajo para dejar más libre al estómago. Luego
empuñó la espada con la venda blanca en su filo, mientras que, con la mano
izquierda, masajeaba su abdomen. Conservaba la mirada baja.
Para verificar el filo, el teniente abrió la
parte izquierda del pantalón, dejando parte del muslo a la vista, y deslizó el
filo sobre la piel. La sangre brotó inmediatamente de la herida y varias gotas
brillaron a la luz.
Era la primera vez que Reiko veía la sangre de
su marido y experimentó violentas palpitaciones en el pecho. Observó el rostro
del teniente y vio que estudiaba con calma su propia sangre. Pese a que aquel
era un consuelo superficial, Reiko sintió cierto alivio.
Los ojos del hombre se fijaron en ella con una
mirada penetrante como la de un halcón. Colocando la espada frente a él, se
alzó ligeramente sobre sus músculos e inclinó la parte superior del cuerpo
sobre la punta de la espada. La excesiva tensión que presentaba la tela del
uniforme, indicaba a las claras que estaba reuniendo todas sus fuerzas. Se
proponía asestar un profundo golpe en la parte izquierda del estómago y su
grito agudo traspasó el silencio de la habitación.
Pese al esfuerzo, el teniente tuvo la
sensación de que era otro quien había golpeado su estómago como con una gruesa
barra de hierro. Durante algunos segundos su cabeza giró vertiginosamente y no
recordó cuánto había sucedido. Los doce o quince centímetros de punta desnuda
habían desaparecido completamente en su carne, y el vendaje blanco, fuertemente
sujeto por su puño cerrado, le presionaba directamente el estómago.
Recuperó la conciencia. Pensó que el filo
debía haber atravesado las paredes del abdomen. Su respiración era dificultosa,
el pecho le palpitaba violentamente y en alguna zona remota, aparentemente
desligada de su persona, un dolor terrible e insoportable se alzaba en forma
avasalladora como si la tierra se abriera para vomitar un cauce de rocas
hirvientes. El dolor se acercó, de pronto, a una velocidad vertiginosa. El
teniente se mordió el labio inferior y sofocó un lamento instintivo.
"¿Es esto el seppuku?", pensó.
Experimentaba una sensación de caos total,
como si el cielo se hubiera desplomado sobre él y todo el universo girara como
bajo el efecto de una enorme borrachera. Su fuerza de voluntad y coraje, que
tan fuertes se manifestaran antes de la incisión, se habían reducido, ahora, a
una fibra de acero del grosor de un cabello. Lo asaltó la incómoda sensación de
que tendría que avanzar asido a esa fibra con toda su desesperación.
Algo humedecía su puño y, bajando la mirada,
vio que, tanto su mano como el paño que envolvía la hoja, estaban empapados en
sangre. También su taparrabos estaba teñido de un rojo intenso. Le pareció
increíble que en medio de aquella agonía, las cosas visibles pudieran ser todavía
vistas y las cosas existentes, existir.
Reiko luchó por no correr al lado de su esposo
al observar la mortal palidez que invadía sus rasgos después de clavarse la
espada. Sucediera lo que sucediera, su misión era la de observar. Ser testigo.
Tal era la obligación contraída con el hombre amado. Frente a ella, a un tatami de distancia, podía ver cómo su
marido se mordía los labios para ahogar el dolor.
Reiko no contaba con ningún medio para
rescatarlo a él.
La transpiración brillaba en su frente. Shinji
cerró los ojos para abrirlos luego, nuevamente, como quien hace un experimento.
Su mirada había perdido todo brillo y los suyos parecían los ojos inocentes y
vacíos de un animalito.
La agonía que se desarrollaba frente a Reiko
la quemaba como un implacable sol de verano, pero era algo totalmente alejado
de la pena que parecía estar partiéndola en dos.
El dolor crecía con regularidad. Reiko sentía
que su marido se había convertido en un ser de un mundo aparte, en un hombre
íntegramente disuelto en el dolor, en un prisionero en una jaula de
sufrimiento, y mientras pensaba, comenzó a sentir como si alguien hubiera
levantado una cruel muralla de cristal entre ellos.
Desde su matrimonio, la existencia de su
marido se había convertido en la suya propia, y cada respiración de Shinji
parecía pertenecer a Reiko. En cambio, ahora, mientras que la existencia de su
marido en el dolor era una realidad viviente, Reiko no podía encontrar en su
pena ninguna prueba concluyente de su propia existencia.
Usando solamente la mano derecha, el teniente
comenzó a cortarse el vientre de un lado a otro. Pero a medida que la hoja se
enredaba en las entrañas, era rechazada hacia fuera por la blanda resistencia
que encontraba allí. El teniente comprendió que sería menester usar ambas manos
para mantener la punta profundamente hundida en su cuerpo. Tiró hacia un
costado, pero el corte no se produjo con la facilidad que había esperado.
Concentró toda la energía de su cuerpo en la mano derecha y tiró nuevamente. El
corte se agrandó ocho o diez centímetros.
El dolor se extendió como una campana que
sonara en forma salvaje. O como mil campanas tocando al unísono con cada
respiración y con cada latido, estremeciendo todo su ser. El teniente no podía
contener los gemidos. Pero la hoja ya se había abierto camino hasta debajo del
ombligo. Al advertirlo, Shinji sintió un renovado coraje.
El volumen de la sangre no había dejado de
aumentar y ahora manaba por la herida como originado por el latir del pulso. La
estera estaba empapada de sangre que seguía renovándose con aquella que
chorreaba de los pliegues del pantalón kaki del teniente. Una salpicadura,
semejante a un pájaro, voló hacia Reiko y manchó la falda de su kimono de seda
blanca. Cuando el teniente pudo, por fin, desplazar la espada hacia el costado
derecho, ésta ya cortaba superficialmente y era posible contemplar su punta
desnuda resbalándose de sangre y grasa. Atacado súbitamente por terribles
vómitos, el teniente gritó roncamente. Los vómitos volvieron aun más horrendo
el dolor, y el estómago, que hasta aquel momento se había mantenido firme y
compacto, explotó de repente, dejando que las entrañas reventaran por la herida
abierta. Ignorantes del sufrimiento de su dueño, las entrañas de Shinji
causaban una impresión de salud y desagradable vitalidad que las hacía
escurrirse blandamente y desparramándose sobre la estera. La cabeza del hombre
se abatió, sus hombros se estremecieron y un fino hilo de saliva goteó de su
boca. Las insignias doradas brillaban a la luz.
Todo estaba lleno de sangre. El teniente
estaba empapado de ella hasta las rodillas, y ahora se sentaba en una posición
encogida y desamparada con una mano en el piso. Un olor acre inundaba la
habitación. La cabeza del hombre colgaba en el vacío y su cuerpo se sacudía en
interminables arcadas. La hoja de la espada, expulsada de sus entrañas, estaba
totalmente expuesta y aun sostenida por la mano derecha del teniente.
Sería difícil imaginar una visión más heroica
que la del teniente reuniendo sus fuerzas y echando la cabeza hacia atrás. La
violencia del movimiento hizo que la cabeza del teniente chocara contra uno de
los pilares de la alcoba.
Hasta aquel momento, Reiko había permanecido
sentada con la mirada baja, como encandilada por el flujo de la sangre que
avanzaba hacia sus rodillas, pero el golpe la sorprendió y tuvo que alzar la
vista.
El rostro del teniente no era el del hombre
con vida. Los ojos estaban vacíos, la piel lívida, las mejillas y los labios
tenían el color de la tierra seca. Sólo la mano derecha se movía aun
sosteniendo laboriosamente la espada. Se agitó convulsamente en el aire, como
la mano de un títere, y luchó por dirigir la punta de la espada hasta la base
del cuello.
Reiko contempló cómo su marido intentaba este
último, conmovedor y fútil esfuerzo. Brillando de sangre y grasa, la punta se
descargaba una y otra vez sobre la garganta. Siempre fallaba. No le quedaban
fuerzas para guiarla y sólo chocaba contra las insignias del cuello del
uniforme que se había cerrado nuevamente y protegía la garganta.
Reiko no soportó aquella visión por más
tiempo. Intentó ir en ayuda de Shinji, pero le resultaba imposible ponerse en
pie. Se arrastró de rodillas y su falda se tiñó de un rojo intenso. Se colocó
detrás de su marido y lo ayudó abriendo solamente el cuello del uniforme. La
hoja vacilante tomó finalmente contacto con la piel desnuda de la garganta.
Reiko tuvo la sensación de haber empujado a su marido hacia adelante.
No fue así. El teniente había dado una última
demostración de fortaleza. Echó su cuerpo violentamente contra la hoja y el
filo perforó su cuello, apareciendo luego por la nuca. El teniente permaneció
inmóvil mientras un tremendo chorro de sangre lo inundaba todo.
V
Reiko descendió lentamente la escalera. Sus
medias estaban resbalosas de sangre. En la habitación superior reinaba ahora la
más absoluta calma.
Encendió las luces de la planta baja, verificó
los quemadores y la llave principal del gas. Echó agua sobre el carbón humeante
y semiapagado del brasero. Se detuvo frente al espejo de la habitación de
cuatro tatami, y medio alzó su falda.
Las manchas de sangre parecían un alegre dibujo estampado en la parte inferior
de su kimono blanco. Al instalarse frente al espejo, sintió la fría humedad de
la sangre de su marido en los muslos y tuvo un estremecimiento. Se entretuvo
largamente en el baño. Aplicó una generosa capa de rouge sobre sus mejillas y
también abundante pintura en los labios. Este maquillaje ya no estaba destinado
a agradar a su marido. Se maquillaba para el mundo que estaba a punto de
abandonar. Había algo espectacular y magnífico en los toques de su pincel. Al
levantarse, advirtió que la sangre había mojado la estera dispuesta frente al
espejo. Reiko no lo tuvo ya en cuenta.
La joven se detuvo al pisar el corredor de
cemento que llevaba a la galería. Su marido había cerrado el pestillo de la
puerta la noche anterior en un acto de preparación a la muerte, y durante un
instante se sumió en la consideración de un simple problema, ¿dejaría el
cerrojo echado? De hacerlo así, podrían transcurrir varios días antes de que
los vecinos advirtieran el suicidio. A Reiko no le agradó la idea de dos
cadáveres descomponiéndose antes de ser descubiertos. Después de todo, sería
mejor dejar la puerta abierta...
Abrió el cerrojo y dejó la puerta de vidrios
escarchados ligeramente entreabierta. El viento helado se coló de inmediato en
la habitación. Nadie pasaba por la calle, era medianoche y las estrellas
resplandecían tan frías como el hielo.
Reiko dejó la puerta entornada y subió las
escaleras. Durante varios minutos caminó de un lado a otro. La sangre ya se
había secado en sus medias .De pronto, un olor peculiar llegó hasta ella.
El teniente yacía, boca abajo, en un mar de
sangre. La punta de la espada, que sobresalía de su nuca, parecía haberse hecho
más prominente aun. Reiko anduvo negligentemente entre la sangre y se sentó al
lado del cadáver de su marido. Lo observó atentamente. Tenía la mejilla apoyada
en la alfombra, los ojos estaban muy abiertos, como si algo hubiera despertado
su atención. Ella alzó la cabeza, la apoyó sobre su manga y, limpiándose la
sangre de los labios, lo besó por ultima vez.
Luego tomó del armario una bata blanca y un
cordón. Para evitar que su falda se desordenara, envolvió la manta alrededor de
su cintura y la sujetó firmemente con el cordón.
Reiko se sentó muy cerca de Shinji. Extrajo la
daga de su faja, examinó el brillo opaco de la hoja y la acercó a su lengua. El
gusto del acero bruñido era ligeramente dulce.
Reiko no perdió tiempo. Pensó que el dolor que
la había separado de su marido moribundo iba a formar ahora parte de su propia
experiencia. Sólo vislumbró ante sí el gozo de penetrar en un reino que el
amado Shinji ya había hecho suyo.
Había percibido algo inexplicable en la fisonomía
agonizante de su marido. Algo nuevo. Le sería dado, pues, resolver el enigma.
Reiko sintió que, por fin, también podría
participar de la verdadera y amarga dulzura del gran principio moral en que
había creído el teniente.
Empujó entonces la punta de la daga contra la
base de su garganta. La empujó fuertemente. La herida resultó poco profunda. Le
ardía la cabeza y sus manos temblaban de forma incontrolable. Forzó la hoja
hacia un costado y una sustancia caliente le anudó la boca. Todo se tiñó de
rojo frente a sus ojos como el fluir de un río de sangre. Reunió todas sus
fuerzas y hundió aun más profundamente la daga en su garganta.
De esas veces que una cosa te lleva/te recuerda a otra, pues este cuento me lleva a:
e innegablemente me recuerda a fer.
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